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Sosthene Arakaza works as Vector Control Technician for MSF in Nduta camp. He arrives at a refugee's home where he will install a mosquito trap.

"I work on a vector control project within Nduta camp aiming to prevent malaria more effectively by trapping and analysing mosquitoes around the camp. The people living here are very susceptible to getting malaria. We think it may be because malaria rates in their home regions in Burundi are low, so people do not build up an immunity, meaning they are particularly vulnerable when living in a higher risk zone, such as the camp here in Nduta. 
I work in a team of six people. We go out to houses and families in the camp, covering around 150 houses a week. We trap and collect mosquitoes, setting traps in houses and surrounding areas. Only female mosquitoes carry the virus. Therefore, we document the female mosquito density per trap, so we can identify the zones most prone to Malaria. That way we can work out where an outbreak is most likely to occur and put into place preventative measures. Since the start of this programme the number of Malaria cases in our medical facilities is significantly lower than before. Our work has really helped MSF to identify the number of mosquitoes and see when they are rising and falling. Between this and the last year levels of malaria have decreased in camp. Working together with a Tanzanian university we have been able to further analyse the collected mosquitoes. We have been able to target breeding sites to eliminate mosquito larvae and prevent them reaching maturity. This programme is unique and very comprehensive. We hope to replicate it in many more MSF projects."
Memoria Internacional 2018

Tanzania

Sosthene Arakaza, técnico de control vectorial, se dispone a instalar una trampa para mosquitos en una vivienda del campo de refugiados de Nduta, en junio de 2018.
© Ellie Kealey/MSF
Ebola disease in DRC: find out how we're responding
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MSF en Tanzania en 2018 Médicos Sin Fronteras sigue siendo el principal proveedor de atención médica de los casi 100.000 refugiados burundeses acogidos en el campo de Nduta, en el noroeste de Tanzania.
Tanzania

Para finales de 2018, Tanzania albergaba a 326.942 personas llegadas tanto de Burundi como de República Democrática del Congo. La mayoría estaban en tres campos: Nyarugusu, Nduta y Mtendeli.

En Nduta, dirigimos un hospital de 151 camas y cuatro puestos de salud, así como actividades de promoción de la salud a través de una red de agentes de la comunidad. Los servicios ambulatorios comprenden atención materno-infantil, apoyo nutricional, salud mental y atención a víctimas de la violencia sexual. En 2018, también rehabilitamos el quirófano y la sala de esterilización del hospital de distrito de Kibondo, y donamos equipos especializados para cirugías vitales, de los que se beneficiará tanto la población refugiada como la tanzana.

La malaria siguió siendo un problema médico importante en el campo de Nduta, en particular durante la temporada de lluvias. Desde 2016, tenemos actividades integrales de prevención y control, que comprenden la aplicación de un larvicida biológico y la distribución masiva de mosquiteras tratadas con insecticida. Se ha comprobado que estas medidas son eficaces; en 2018, llegaron a nuestros centros menos de la mitad de personas enfermas que el año anterior.

En marzo, los Gobiernos de Burundi y Tanzania, junto con el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), confirmaron su intención de facilitar la repatriación voluntaria a Burundi de más de 70.000 personas para finales de año; esto supuso un motivo más de incertidumbre para muchas de ellas.

Nuestros equipos en Nduta registraron un aumento considerable en las necesidades de salud mental; los diagnósticos principales fueron depresión, ansiedad y también trastornos psiquiátricos. Además de la sensación de impotencia por lo que depara el futuro, muchos pacientes dijeron haber vivido eventos traumáticos y perdido a seres queridos. 

Video

Mental health in Nduta camp

MSF/Ellie Kealey