Gaza protest
Memoria Internacional 2018

Gaza: desbordados por las heridas de bala

El enclave palestino de Gaza lleva más de una década sufriendo el bloqueo israelí, periodo durante el cual la población ha pasado por tres conflictos abiertos y por frecuentes estallidos de violencia. La economía está en caída libre y la situación humanitaria no deja de deteriorarse. Israel permite salir del territorio a muy pocas personas y, como la frontera con Egipto también se cierra con frecuencia, la población siente que vive atrapada, y de hecho a menudo lo está.

Las protestas de la Gran Marcha del Retorno, que han tenido lugar en la frontera casi todos los viernes desde el 30 de marzo de 2018, han sido recibidas a tiros por parte del Ejército israelí. Para finales de 2018, 180 personas habían muerto y 6.239 habían sido heridas de bala, en su gran mayoría en las piernas. Nuestros equipos han visto lesiones muy graves y complejas y han trabajado sin descanso para tratarlas.

In the aftermath of May 14th
El 6 de junio de 2018, palestinos heridos de bala llegan a la clínica de MSF en Gaza para recibir cuidados posoperatorios.
Heidi Levine/Sipa Press

¿Cómo se atiende a miles de personas con heridas que posiblemente requerirán tratamiento durante años? Marie-Elisabeth Ingres describe lo que vio en Gaza en 2018.

“No estábamos preparados para lo que ocurrió. Habíamos visto cada cohete lanzado desde Gaza, cada muerte y cada bombardeo, y nos preguntábamos si se desencadenaría una nueva guerra, una más violenta que la de 2014. Lo que no habíamos previsto era la cantidad de personas que resultarían heridas de bala en las protestas de la Marcha del Retorno. Estas protestas se han convertido en carnicerías, cuya regularidad –mes tras mes– es tan implacable que casi nos hemos acostumbrado.

30 de marzo de 2018. Nos enteramos, estupefactos, de que más de 700 personas han resultado heridas y 20 han muerto por disparos de los soldados israelíes apostados en la valla que separa Israel de Gaza. En ese momento, la maquinaria se pone en funcionamiento para responder a las inmensas necesidades; y desde entonces no se ha detenido. Viernes tras viernes, cientos de pacientes con heridas de bala han sido atendidos en los hospitales del Ministerio de Salud. La mitad han acabado en nuestras clínicas para recibir atención posoperatoria.

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Estos heridos esperan a que les hagan las curas, en la clínica posoperatoria de MSF en Gaza (mayo de 2018).
Laurence Geai

Nuestros equipos han trabajado incansablemente para ampliar la capacidad de atención y hemos reclutado a más profesionales y reforzado las formaciones para el personal. Trajimos a cirujanos, anestesistas y otros especialistas para atender la afluencia masiva de heridos. Y a pesar de todo, nuestros centros médicos se vieron pronto desbordados por la cantidad de heridos y la gravedad de sus lesiones.

Al igual que las demás organizaciones humanitarias que trabajan en Gaza, nos preparamos para el 14 de mayo, fecha en la que coincidían varias protestas convocadas con motivo de la inauguración, ese día, de la Embajada de Estados Unidos en Jerusalén. Fue un lunes negro, un día de guerra. Un día que, a nuestros traumatizados colegas palestinos, les trajo recuerdos del conflicto de 2014.

En mi caso, me recordó a otro día: el 5 de diciembre de 2013, cuando la milicia anti Balaka atacó Bangui, la capital de la República Centroafricana. Me recordó a los muchos cuerpos llegados en unas pocas horas, al agobio de los equipos, al horror ante la tragedia.

En Gaza, a partir de ese lunes, la organización comenzó a trabajar a toda máquina y, salvo por unos pocos momentos de calma, no ha habido reposo desde entonces. Todas las semanas llegan nuevos pacientes, muchos con fracturas abiertas y riesgo de infección, y que necesitarán meses o incluso años de atención médica, cirugías y rehabilitación; algunos quedarán discapacitados de por vida.

Todo esto ocurría en un territorio bloqueado en el que el sistema de salud ya no podía brindar la atención que necesitan estas personas. Los heridos de Gaza llevan mucho tiempo abandonados, simplemente por haber nacido donde nacieron.

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Un equipo de MSF colaboró con los cirujanos palestinos del Hospital Al Aqsa de Gaza para operar a los heridos (mayo de 2018).
Laurence Geai

Los jóvenes palestinos que vemos en nuestras clínicas han perdido la esperanza, como si no tuvieran futuro. Es posible que algunos hayan sido manipulados por las autoridades para manifestarse en la valla. O puede que simplemente estuvieran protestando contra las injusticias y la falta de libertad. Por todo el mundo, las leyes, las libertades personales y los derechos humanos son ignorados y millones de personas se han convertido en simples peones en juegos políticos en los que tienen poco que decir.

En la actualidad, nuestros equipos siguen haciendo todo lo que pueden para atender a estos jóvenes y evitar que pierdan las piernas, aunque sabemos que solo podremos curar a una pequeña parte, debido a las limitaciones impuestas por el bloqueo israelí y las diferentes autoridades palestinas.

Sentimos pavor a cada momento de tensión, porque tememos que la guerra vuelva a estallar en Gaza, como ocurrió en 2014. Si no es así, quizás podamos atender, antes de que sea demasiado tarde, las complejas necesidades médicas de quienes sufrirán discapacidades por culpa de estas heridas, y que requerirán tratamiento para las infecciones de hueso, cirugía reconstructiva y fisioterapia.

Para tratar heridas graves como las fracturas abiertas, necesitamos cirujanos especializados, especialistas en antibióticos y un nuevo laboratorio. Estamos haciendo todo lo posible por encontrar a estas personas y estos recursos, tanto en Gaza como en el exterior. 

La situación en Gaza nos plantea muchos desafíos humanos, técnicos, logísticos y económicos. Pero nuestro compromiso es ofrecer la mejor respuesta que podamos. No vamos a rendirnos, aunque en estos momentos no tengamos los recursos adecuados, el contexto político no nos favorezca y las necesidades médicas de la gente sean la última prioridad en el orden del día de las autoridades. Nos está costando, pero, si salvamos aunque sea a algunos jóvenes, habremos tenido éxito”.

La historia de Mohamed

“Me hirieron durante la protesta de la Gran Marcha del Retorno del viernes 6 de abril. Sabía que era peligroso, pero fui igualmente; todo el mundo fue. Estaba allí, parado, cuando me dispararon. Sentí que la bala me destrozaba el hueso.

Hasta ahora, me han operado seis veces, incluyendo los desbridamientos* y la operación para cerrar la herida. Más tarde, me dijeron que, cuando la herida cerrara, quizás tendrían que amputarme la pierna.

Al principio, iba a la clínica de MSF todos los días. Ahora voy tres veces por semana para hacer fisioterapia y para que me cambien los vendajes. Cuando salgo de fisioterapia, me encuentro mejor. Tengo menos espasmos y me cuesta menos mover los músculos.

¿Que por qué protestaba? Soy como cualquier palestino: hemos pasado por muchos conflictos con Israel y es interminable. Fui a la frontera a protestar porque estamos en nuestro derecho y porque esta es nuestra tierra. Fui allí solo con ese propósito. No he vuelto. No me puedo mover. Me quedo en casa. Duermo unas horas, pero me despierto por el dolor. Si pudiera recuperar la pierna, quizás podría volver a trabajar y tener un futuro”.

* Eliminación del tejido muerto o dañado de una herida.

“My hope for the future? I don’t have hope”

Abu Hashim, fisioterapeuta de MSF, explica la herida de Mohamed

“Fracturas como la de Mohamed ocurren a consecuencia de un traumatismo de gran impacto y fuerza. El tejido blando ha quedado destruido y el hueso está destrozado. También hubo que realizarle un injerto de piel. Pero lo más complicado en su caso es que el nervio peroneo común está completamente seccionado, lo que causa que el pie cuelgue; le impide andar con normalidad y probablemente le causará una discapacidad de por vida. La fisioterapia le resulta muy dolorosa, pero es esencial para impedir la rigidez de las articulaciones y para que mueva los músculos”.

Radiografía de la pierna de Mohamed La pérdida de hueso es demasiado grave para que la fractura sane por sí sola. De momento, la pierna se sostiene con un fijador externo. Mohamed necesitará muchas operaciones, incluyendo de cirugía reconstructiva, escasamente disponible en Gaza.
“My hope for the future? I don’t have hope”
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