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En la capital serbia, Belgrado, MSF siguió dirigiendo una clínica para brindar atención de salud mental a este colectivo. Nuestros equipos también organizaron actividades externas para atender a quienes se habían quedado fuera de los centros de recepción y se habían instalado en varios asentamientos informales en los municipios de Sid (en la frontera con Croacia) y Subotica (frontera con Hungría),
Durante los primeros meses del año, observamos un aumento de la cantidad de personas que llegaban a Bosnia-Herzegovina con la esperanza de entrar en Croacia y desde allí seguir más hacia el oeste. Durante el verano, miles de personas intentaron atravesar la frontera croata y llegó a haber hasta 5.000 personas viviendo en asentamientos informales y edificios abandonados en los municipios fronterizos bosnios de Velika Kladusa y Bihac.
Ofrecimos asistencia médica en colaboración con las autoridades médicas bosnias y apoyamos a grupos de la sociedad civil para mejorar las condiciones de vida, con servicios adicionales como duchas, ropa e instalaciones de lavandería.
Durante los siete meses de actividades en Bosnia-Herzegovina en 2018, realizamos casi 5.000 consultas médicas. La mayoría de los problemas de salud que tratamos –como infecciones de las vías respiratorias, enfermedades de la piel y dolores osteomusculares– estaban relacionados con las insalubres condiciones de vida.
Muchos de nuestros pacientes dijeron haber sido tratados con violencia por la guardia fronteriza. MSF siguió denunciando el uso de violencia contra los migrantes y refugiados y apoyando a las organizaciones de la sociedad civil que están documentado y denunciando estos incidentes.