Libya: detention centres in Tripoli
Memoria Internacional 2017

Libia

MSF en Libia En 2017, debido a las condiciones de violencia e inseguridad generalizadas en Libia, MSF fue una de las pocas organizaciones internacionales que siguieron trabajando en el país.
Libia - Activity report 2017 map in spanish

A pesar de la actual situación de inestabilidad y conflicto, Libia sigue siendo un destino para trabajadores llegados de todo el continente africano, así como país de tránsito para los migrantes, refugiados y solicitantes de asilo que intentan cruzar el Mediterráneo con destino a Europa.

En 2017, MSF ofreció asistencia médica a los migrantes y refugiados recluidos arbitrariamente en centros de detención que nominalmente se encuentran bajo el control del Ministerio de Interior. La mayoría de las quejas médicas se relacionaban con las condiciones de detención, caracterizadas por el hacinamiento, la escasez o falta de alimentos y agua potable y el insuficiente número de letrinas; esto provoca infecciones de las vías respiratorias, dolor músculo-esquelético, enfermedades de la piel (como la sarna) y enfermedades diarreicas. MSF hizo un llamamiento público para exigir el fin de la detención arbitraria de migrantes y refugiados en Libia, dañina y explotadora; también denunció las políticas migratorias de los Gobiernos europeos que han sellado las costas de Libia y han “contenido” a los migrantes, solicitantes de asilo y refugiados en un país donde están expuestos a la violencia y a una explotación extrema y generalizada.

En Trípoli, MSF atendió 17.219 consultas médicas y derivó a 470 pacientes a centros de atención secundaria. En los meses de octubre y noviembre, el aumento masivo del número de detenidos agravó el hacinamiento hasta niveles extremos y causó un mayor deterioro de las condiciones en los centros. La presión se alivió en diciembre, cuando la Organización Internacional para las Migraciones organizó la repatriación de miles de personas.

En Misrata, MSF colaboró con el hospital más importante para mejorar el control de infecciones y amplió sus actividades con migrantes y refugiados en el área. Los equipos médicos comenzaron a trabajar en cinco centros de detención en Misrata, Joms y Zliten y atendieron 1.351 consultas (49 pacientes fueron derivados para su tratamiento adicional).

La mayoría de los migrantes y refugiados viven fuera de los centros de detención y, al igual que las comunidades locales, se ven afectados por el deterioro de los centros de salud públicos, que se enfrentan a una escasez extrema de medicamentos y personal. En Misrata, MSF abrió un ambulatorio que ofrece a pacientes de todas las edades y nacionalidades atención primaria gratuita y un servicio de derivación.

A mediados de 2017, MSF comenzó a trabajar en Bani Walid, un lugar que diversas fuentes habían identificado como un importante centro de tránsito para traficantes de seres humanos. En colaboración con una organización local, MSF ayudó a personas que habían sido apresadas por las redes criminales pero que habían logrado escapar; muchas habían sido secuestradas para obtener un rescate y habían sufrido extorsión y torturas. Este equipo atendió 479 consultas médicas y derivó a 24 pacientes a hospitales de Misrata y Trípoli.

Finalmente, MSF gestionó una clínica en Bengasi en colaboración con una ONG libia, ofreciendo consultas pediátricas y ginecológicas a personas desplazadas y vulnerables, así como apoyo de salud mental a niños y familias afectadas por traumas y violencia. MSF concluyó su apoyo a los hospitales Al Abyar y Al Marj en 2017 tras reducirse el número de pacientes.

Testimonio

“No sé su nombre ni si sigue viva”

“Estaba con un grupo de mujeres en el patio de un centro de detención a unos 60 kilómetros al oeste de Trípoli”, recuerda Guillaume Binet, uno de los pocos fotógrafos que han conseguido entrar en estas instalaciones. “Habían sido interceptadas en el mar por los guardacostas libios cuando intentaban llegar a Europa. Muchas sufrían quemaduras graves en las piernas. El agua del mar había entrado en la patera y había hecho reacción con el combustible filtrado que había en el fondo, donde se sentaban las mujeres. No sé qué fue de la mujer del pañuelo rosa. Pero sin la atención médica que tanto necesitaba, dudo que haya sobrevivido”.

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