Cholera intervention in South Kivu
Memoria Internacional 2017

Presentación

Frente a este mundo complejo y en rápida evolución, seguimos empeñados en lograr nuestro objetivo: proporcionar la atención médica más adecuada y eficaz en los entornos más duros. Nuestra ayuda responde a necesidades vitales y nace del deseo de ser solidarios con las personas que sufren, ya sea como resultado del conflicto, el abandono o la enfermedad.

Somos una organización médico-humanitaria y nuestra fortaleza radica en nuestros equipos, tanto los que están en primera línea en el terreno como los que están en las oficinas, así como en todas las personas que nos dan su apoyo económico, técnico, político o de otro tipo. Este compromiso compartido con las personas que han sido despojadas de sus derechos básicos es lo que nos une.

Nuestra fuerza también se basa en el respeto mutuo y la transparencia. Damos la bienvenida a la atención que se presta actualmente a la cuestión del abuso de poder en la sociedad en general y en el sector humanitario en particular. Tenemos a decenas de miles de empleados trabajando en condiciones extremas en todo el mundo y nos tomamos con la máxima seriedad la necesidad de que todos y cada uno de nuestros pacientes y trabajadores sientan que pueden denunciar y combatir cualquier forma de abuso.

Médicos Sin Fronteras (MSF) emplea a personas de unas 150 nacionalidades y esta diversidad es una fuente de fortaleza. Combinar la mirada externa con el conocimiento local mejora la calidad de nuestras operaciones. Nos ayuda a acercarnos a las realidades y necesidades de los pacientes y a desarrollar la mejor respuesta médica posible. Nos ayuda también a negociar con éxito el acceso a las poblaciones más vulnerables en algunos de los lugares más difíciles. Debemos cuestionarnos a nosotros mismos y a los demás continuamente para asegurarnos de que las decisiones que tomamos beben de una gama de perspectivas lo más amplia posible.

Los equipos de MSF en todo el mundo se adaptan constantemente a los desafíos específicos que presentan las situaciones tan diferentes a que se enfrentan. Como refleja esta memoria de 2017, seguimos adaptando nuestra atención a las diversas realidades en las que trabajamos: la dura realidad de las personas desplazadas, desde las fronteras de Siria o Somalia hasta las mortíferas rutas de migración del norte de África, el Mediterráneo y Europa; la realidad de la evolución de las enfermedades, como la tuberculosis multirresistente a los medicamentos o los brotes epidémicos de cólera y meningitis; o la realidad de los conflictos de Oriente Próximo y África.

A pesar de la importante asistencia directa que brindan nuestros equipos, demasiados pacientes y comunidades permanecen atrapados en el epicentro de conflictos que generan una espiral de violencia, como Siria, Irak, Sudán del Sur o Nigeria, por nombrar solo algunos. Y con demasiada frecuencia, la ausencia de cualquier medio de protección nos relega al papel de meros testigos impotentes.

En estas realidades extremas, seguimos desplegando los medios de los que disponemos. Pero no podemos hacerlo solos. Dependemos de todas las personas que apoyan nuestra acción. Esta generosidad y compasión es lo que nos permite perseverar en nuestro trabajo: salvar vidas.

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